domingo, 25 de octubre de 2015

Ruta del Hereje. Texto 4

Ruta del Hereje 04

Palacio de los Condes de Benavente

Don Bernardo se resignó a admitir que el preceptor no era el medio más indicado para educar a su hijo, el pequeño parricida. Había otras soluciones, pero, como hombre rencoroso, improvisó rápidamente la suya: un colegio. Un internado duro y sin pausas. Era hora de separarle de la rolla. Don Bernardo sabía que en la villa no había centros educativos que merecieran tal nombre, pero su hermano Ignacio era patrono mayor del más afamado: el Hospital de Niños Expósitos, regido por la Cofradía de San José y de Nuestra Señora de la O, dedicado a la formación de niños abandonados.

A su hermano le dolió la decisión:

—Ese colegio no es para personas de nuestra clase, Bernardo. Don Bernardo coqueteaba ahora con la idea de dar una lección a la aristocracia, abrirle los ojos:

—Me han hablado bien de él. Dispone de veintiocho camas para becarios y mi hijo podrá pagar su alojamiento y el de cinco compañeros más si es eso lo que hace falta para que le abran las puertas.

Don Ignacio se echó las manos a la cabeza:

—El Hospital de Niños Expósitos vive de la caridad, Bernardo. Y tú sabes que los chicos abandonados por sus padres no suelen ser gente recomendable. Es un colegio serio porque los Diputados de la Cofradía nos hemos empeñado en que lo sea y hemos puesto en la dirección a un maestro competente. A la doctrina, por la mañana, a toque de campana, acuden chicos de toda condición e, incluso, en el resto de las clases, admiten alumnos de pago. ¿No podría ser sta la mejor solución para Cipriano?

Don Bernardo denegó obstinadamente:

—A mi hijo hay que enveredarlo. Su niñera lo ha mimado demasiado. Y esto se acabó. Lo meteré interno y no disfrutará siquiera de vacaciones; pero para ingresar en el Hospital necesito tu concurso. ¿Estás dispuesto a prestármelo?

Intelectualmente don Ignacio estaba a cien codos de su hermano pero carecía de personalidad para imponerse. Al día siguiente visitó la Cofradía que administraba el centro, y, cuando habló de la generosa disposición de su hermano, no encontró más que buenas palabras, lo mismo que en la reunión de diputados del jueves siguiente, que votó la admisión del pequeño. Por esta vía y mediante el compromiso de pagar el mantenimiento de su hijo, las becas de tres compañeros y cooperar generosamente al Arca de las Limosnas, Cipriano fue admitido en el centro.


Libro I, V (158-159)



ISBN: 84-395-9839-4
Miguel Delibes

Ruta del Hereje. Texto 3

Ruta del Hereje 03

Palacio de Fabio Nelli

— ¿Conoce vuesa merced un precioso librito titulado El beneficio de Cristo?

Cipriano Salcedo denegó con la cabeza. Añadió Cazalla:

—Yo se lo prestaré. El libro no ha sido impreso en España pero conservo un ejemplar manuscrito. Don Carlos trajo de Italia el original.
Cipriano se hacía la ilusión de que algo empezaba a alentar dentro de él. Era como si atisbara un punto de luz en un horizonte cerrado. Aquel cura parecía mostrarle una nueva dimensión de lo religioso: la confianza frente al temor.

— ¿Quién es ese don Carlos de que me habla?

—Don Carlos de Seso, un caballero veronés aclimatado en Castilla, un hombre tan fino de cuerpo como de espíritu.

Ahora vive en Logroño. En el 50 viajó a Italia y trajo libros e ideas nuevas. Luego acudió a Trento con el obispo de Calahorra. Hay quien dice que don Carlos cautiva tras un trato superficial y desilusiona tras un trato profundo. En suma que es conversador de distancias cortas. No sé. Tal vez vuesa merced tenga oportunidad de conocerle y juzgará por sí mismo.

Cipriano Salcedo se daba cuenta de que estaba deslizándose de las aguas someras a las profundas, de que estaba enredándose en una conversación trascendente y crucial. Pero experimentaba una paz inefable. Tenía una vaga idea de haber oído mentar a don Carlos de Seso en casa de su tío Ignacio. Y, aunque se encontraba a gusto allí, sentado en el cembo, empezaba a sentir el relente. Se incorporó y bajó al carril. Cazalla le siguió. Caminaron un rato en silencio, al cabo del cual Cipriano preguntó:

— ¿No tuvo alguna vez don Carlos de Seso concomitancias luteranas?


Libro II, X (289-290)



ISBN: 84-395-9839-4
Miguel Delibes

Ruta del Hereje. Texto 2

Ruta del Hereje 02

Palacio del Licenciado Butrón


En cambio, con su hermano Ignacio, con quien solía encontrarse diariamente al anochecer, Bernardo no mostraba esas confianzas. Al contrario, se esforzaba en comparecer ante él con el decoro y la respetabilidad que siempre habían adornado a la familia Salcedo. Ignacio era el espejo en que la villa castellana se miraba. Letrado, oidor de la Chancillería, terrateniente, sus títulos y propiedades no bastaban para apartarle de los necesitados. Miembro de la Cofradía de la Misericordia, becaba anualmente a cinco huérfanos, porque entendía que ayudar a estudiar a los pobres era sencillamente instruir a Nuestro Señor. Pero no solamente entregaba al prójimo su dinero sino también su esfuerzo personal. Ignacio Salcedo, ocho años más joven que don Bernardo, de cutis rojizo y lampiño, visitaba mensualmente los hospitales, daba un día de comer a los enfermos, hacía sus camas, vaciaba las escupideras y durante toda una noche cuidaba de ellos. Por añadidura, don Ignacio Salcedo era el patrono mayor del Colegio Hospital de Niños Expósitos, que gozaba de prestigio en la villa y se sostenía con las donaciones del vecindario. Pero, no contento con esto, con su quehacer profesional en la Chancillería y sus buenas obras, don Ignacio era el vecino mejor informado de Valladolid, no ya sobre los nimios sucesos municipales sino de los acontecimientos nacionales y extranjeros. Las noticias últimamente eran tan abundantes que don Bernardo Salcedo cada vez que recorría las calles Mantería y del Verdugo, camino de la casa de su hermano, iba preguntándose: ¿Qué habrá sucedido hoy? ¿No estaremos sentados en el cráter de un volcán? Porque don Ignacio era crudo en sus manifestaciones, nunca las atemperaba con paños calientes. De ahí que don Bernardo, aun mostrándose poco aficionado a la política, a los problemas comunes, estuviera puntualmente informado de la lamentable realidad española. La inquietud creciente de la villa, la hostilidad popular hacia los flamencos, la falta de entendimiento con el Rey, eran realidades manifiestas, hechos que, como bolas de nieve, iban rodando, aumentando de volumen y amenazando avasallar cuanto encontraran a su paso. Hasta que una tarde de primavera una de ellas reventó, por más que la voz de don Ignacio no se alterase al referir los acontecimientos.


Libro I, IV (130-131)




ISBN: 84-395-9839-4
Miguel Delibes

Ruta del Hereje. Texto 1

Ruta del Hereje 01

Corredera de San Pablo


Antes de que se instalara la Corte, la noche del 30 de octubre de 1517, el coche que ocupaban el hombre de negocios y rentista, don Bernardo Salcedo, y su bella esposa, doña Catalina de Bustamante, se detuvo ante el número 5 de la Corredera de San Pablo. Al salir de la casa de don Ignacio, rubio y lampiño, oidor de la Real Chancillería, hermano de don Bernardo, donde habían pasado la velada, doña Catalina había confiado discretamente a su marido sentir dolores en los ríñones y, en este momento, al detenerse bruscamente los caballos ante el portal de su casa, volvió a aproximar los labios a su oído para comunicarle en un susurro que también notaba humedad en el nalgatorio. Don Bernardo Salcedo, poco experto en estas lides, primerizo a sus cuarenta años, instó al criado Juan Dueñas, que sostenía la portezuela del coche, que acudiese vivo a casa del doctor Almenara, en la calle de la Cárcava, y le hiciera saber que la señora de Salcedo estaba indispuesta y requería su presencia.


Libro I, I (51)




ISBN: 84-395-9839-4
Miguel Delibes

domingo, 3 de mayo de 2015

Los libros en un espacio sin lugares

Antonio Rodríguez de las Heras hace sencillo, muy sencillo entender este momento de cambio. ¡Es un lujo!

En la IV Jornada Profesional de la Red de Bibliotecas del Instituto Cervantes: «Bibliotecas para el lector digital: relación, espacio y tecnología». realizó esta intervención el 15 de diciembre de 2011 como clausura.

Programa completo.

La oralidad y la escritura vienen aquí completadas y matizadas por el término que acuña: Digitalidad.


Hacia la lectura social

Con ocasión del curso del CFIE de Valladolid Leer en soportes digitales: La lectura social en la era post-Gutenberg, actualizamos la presentación que se encuentra alojada en otra entrada de esta bitácora.

En esta ocasión he completado algunos aspectos especialmente lo referido a la aportación de Roger Chartier que estaba insuficientemente explicada.

Lo que ofrecemos es una presentación, un género peculiar por cuanto es un apoyo visual de un discurso oral que solo se puede inferir de las diapositivas de dicha presentación.

En otra bitácora iremos presentando una serie de aportaciones más fundamentadas sobre los contenidos presentados en estas dos presentaciones. Son muchas las preguntas que nos surgen y que debemos intentar responder:
  • ¿Cuál es el soporte del futuro para la lectura?
  • Las nuevas prácticas de lectura se van asentando. ¿Es la llamada lectura social otra forma de leer?
  • Siguiendo a Chartier para quien una nueva forma de inscripción establece una nueva práctica de lectura, ¿cuál es lo original y singular de esta nueva práctica de lectura¿ ¿cuál es su nueva forma de inscripción?
  • El acceso a la información se generaliza, pero paralelamente parece que se cierra el acceso a las prácticas de lectura más arraigadas en nuestra sociedad. ¿Nos callamos?
  • ¿Comprendemos igual con los nuevos soportes y los nuevos textos? Parece que no. Los apocalípticos demonizan y proponen un retroceso en la comprensión; los integrados ven un nuevo amanecer.... ¿Qué tiene que decir la neuropsicología ante la comprensión en nuevos soportes? El cerebro ha ido encontrando a lo largo de la evolución de la lectura cómo aprehender el laborioso y complejo proceso de la comprensión. ¿Por dónde avanzaremos en este ámbito?
Son muchas las cuestiones que la lectura suscita en este entorno cambiante..


Descarga la presentación aquí.